Alonso, un pintor necesario

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Las Series de Alonso

Quizás como desarrollo de algunos aspectos que comenzó a indagar en su diálogo tucumano con Lajos Szalay, (plantear aquí un vínculo con Alonso Spilmbergo) que le sugería trabajar sobre un tema seriado. Quizás por la cantidad de ideas que, en torno a un mismo problema, fluyen en Alonso.

Tal vez, por recuperar de un modo alternativo la "serialidad" de la música contemporánea y a la vez la secuenciación de la lectura "por cuadritos" de la historieta. Quizás también, en algunos casos para recuperar desde una producción estática como es la pintura, la sucesión interminable de repeticiones y alteraciones a la vez, en el curso de la vida.

Posiblemente por todas estas razones y algunas más que irán apareciendo en la indagación de las obras, Alonso recurre con frecuencia, casi con adicción, a trabajar una y otra vez un tema, construyendo así extensas series que se prolongan en el tiempo. Como la de los retratos de L.E.S. que arranca al promediar los años sesenta y reaparece cíclicamente hasta hoy. Como la serie de La carne, y su capacidad para invadir expresiva y temáticamente otras series: desde El Matadero y algunas imágenes de Martin Fierro a Mal de Amores, Manos Anónimas y Hay que comer, entre otras.

También es recurrente su reflexión sobre el lugar del artista. En este sentido, desde el Homenaje a Rembrandt en 1965 pasando por la visita a Courbet, Van Gogh, Renoir, y nuevamente el reencuentro con su maesto Spilimbergo y Antonio Berni, todas de algún modo se funden temáticamente en la serie del Viejo pintor, a la vez que mantienen su respectiva autonomía, recreando cada una aspectos diferentes de la problemática del artista: en la historia y en el presente, de aquellos artistas y del mismo Alonso.

Un rasgo común a estas series, que reflexionan sobre el lugar del artista, es la centralidad que estos personajes adquieren en cada una de las obras y dentro de ellas y muy especialmente el lugar de la mirada en cada caso. Alonso penetra en la captación psicológica de la conflictividad de estos personajes singulares -en fin sus colegas en el pasado- a través de un trabajo intenso que recae en la identificación de ojos, miradas, actitudes corporales que transmiten en el espectador la inquietud vital de los representados. En fin, su propia inquietud vital.

En la revista Análisis opinaban acerca de la serie de Retratos de LES, expuestos en Art Gallery International en 1967.

"En la serie de cuadros dedicados a Lino E: Spilimbergo (...) Alonso agota las posibilidades que le ofrece el modelo. Entre el primer retrato -el más tranquilo y sereno de la serie- y el último, hay un proceso de ahondamiento en el que, paralelamente, la figura del protagonista se hace cada vez más violentamente dinámica, tanto por el dibujo, que se torna casi caótico, como por el color y la materia. La dimensión estilística de Alonso, la calidad de su instrumentación plástica, se mantienen sin embargo en un alto nivel." 1

Las series referidas a los distintos artistas de los que se ocupa Alonso, tematiza el lugar problemático de aquellos pintores como Rembrandt, Van Gogh, Courbet, que condensaron -con sus trabajos y trayectorias- aspectos críticos del mundo que les tocó vivir. Estas obras de algún modo también autorreflexivas, plantean la aspiración de Alonso de condensar, él también en sus obras, los dramas contemporáneos.

En este sentido se desarrollan otras series como Manos Anónimas, La carne, Monumentos, Mal de Amores, etc. en donde reescribe la historia argentina contemporánea desde una óptica aguda, irónica y altamente crítica. Entre ellas La censura aparecerá como un trabajo emblemático ya que organiza y sintetiza numerosos problemas que se desarrollan en estas series: desde el hecho de la censura -de la que por otra parte fue víctima- hasta el uso doble de la carne -mujer/res; desde la imagen demonizada de militares y clérigos, hasta la composición inestablemente rebatida que remite al espectador, sin más a una cruda sensación de desmoronamiento de un orden.

El desmoronamiento del orden burgués y su afán por sostenerse es también el tema que recorre estas series. En ellas se cruza la tortura, y en general todo tipo de violencia sobre los cuerpos, con la representación descarnada de los gobernantes y "hombres de bien" y sus monumentos. Así sitúa la carne y el campo como producción identitaria del país y a su vez como espacios para el despliegue de la impunidad del poder.

Por ejemplo observemos: Hay que comer II (1977) de la serie Hay que Comer, en donde una ganchera de carnicería es el soporte de los cuerpos mutilados de hombres y mujeres, mientras por debajo, un "señor bien" sólo quiere ver y reflejar la serenidad del campo en sus lentes, y echa el humo espeso de su habano sobre el horror que pretende ignorar. En tanto esta obra - realizada durante la dictadura militar desde su exilio italiano- representa los hechos que se estaban viviendo en aquella argentina del proceso, otros trabajos de la misma serie Hay que comer, del año '72, prefiguraban los hechos de violencia que se avecinaron. En estas obras las escenas están planteadas en carnicerías donde el carnicero se confunde con un macabro cirujano y el lupanar se recrea opresivamente en espacios muy reducidos, muchas veces poblados de políticos que discursean y bustos de presuntos próceres, que son testigos silenciosos y legitimadores de la crueldad, como aparece en Casi Dios.

Los tópicos de las series, por otra parte, dialogan con otras áreas del trabajo de Alonso. La sucesión de retratos de Dante Alighieri, por ejemplo, recoge aspectos planteados en las series de L.E.S. y en otros trabajos sobre artistas. O las ilustraciones de la Divina Comedia encuentran numerosos puntos de diálogo, no sólo temática sino también compositivamente, con obras en donde se trabaja sobre la tortura y la violencia como: Siempre los mismos (1973).

1 "Pasión y verdad de dos creadores" en Análisis, nº 345, 23 de octubre de 1967, Archivo Alonso.

Diana B. Wechsler

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