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"es como si el dibujo me hubiera sido dado, la pintura hay que conquistarla" - Alonso (1958)

La ilustración en los medios gráficos, acompañando una nota o un texto literario, suele ser un recurso más que los artistas plásticos tienen a disposición como alternativa laboral. En los años '50 cuando Alonso comienza a insertarse como artista profesional, la industria editorial gozaba en la Argentina de un período brillante, ya se tratara de publicaciones periódicas de variada calidad como de la edición de libros en general e ilustrados -que es lo que aquí interesa revisar- en particular.

Alonso fue haciendo un camino simultáneo como pintor profesional y como ilustrador en la revista Atlántida y El Hogar. Expuso periódicamente en galerías privadas como Viau, Van Riel, Witcomb, Antígona o las salas de la Sociedad Hebraica Argentina en Buenos Aires y otras en Mendoza y Córdoba, así como en muestras colectivas de distinto carácter, desde Salones oficiales hasta exposiciones nacionales e internacionales tendientes a dar una imagen del arte argentino en el mundo. (Hacer vínculo con cronología, años '50, '60). También desarrolló una intensa labor como ilustrador, que alimentó su pintura en su deseo de lograr de ella la espontaneidad y la impronta expresiva que alcanzaba con el dibujo.

En este sentido, la práctica de la ilustración no fue para Alonso sólo una salida económica, sino una búsqueda estética y política específica (en un sentido amplio). El alcance que puede tener una imagen en una revista, la tapa de un libro o ilustrando sus páginas es mucho mayor que el que puede ofrecer una exposición. Tomando conciencia de esto y teniendo un claro sentido de su lugar como artista, desarrolla intensamente este costado profesional. Como apunta Cayetano Córdova Iturburu en una nota referida a las ilustraciones del Quijote:

"realizar esa completa y alta tarea colectiva que es la edición ejemplar de un libro importa algo más (que el esfuerzo individual de un escritor o un pintor) y tiene, por cierto, más trascendente significación social que el más singular de los esfuerzos individuales. El libro como obra de arte es un índice de civilización, es decir de desarrollo general de la cultura de una sociedad, como que es el resultado de una concurrencia causal -no casual- de factores estéticos, artísticos y artesanales. Celebremos, por eso, que esta bellísima edición del Quijote sea argentina. (...)"1

Con las imágenes para las páginas de las revistas convive su tarea como ilustrador de libros: El nacimiento del ciudadano de Cúneo, en 1953 y la Antología de Juan en 1955 de su amigo Tejada Gómez. Participa en 1957 del concurso de EMECE para ilustrar la segunda parte del Quijote. Lo gana y a partir de entonces no sólo desarrolla este ciclo épico sino que emprende otros como el de Martín Fierro, también para EMECE, Refranes populares, para editorial Puma, Romancero criollo de León Benarós, para editorial Troquel. Luego trabaja sobre La guerra al malón, del Comandante Prado (1965), El matadero de Esteban Echeverría (1966), Romance de Rio seco, de Leopoldo Lugones, La Divina Comedia (1969), Madmoiselle Fifi, de Maupasant, El soldado que nos enseño a vivir, de Maria Teresa Leon y Poemas de Pablo Neruda. subrayados hacer vínculo con la serie de imágenes que ilustran estos libros)

Estos trabajos además de ofrecer una circulación mucho más amplia de su imagen, le permitió dialogar con el pasado, con otros autores como Doré o Blake que forman parte de una extensa tradición de ilustradores. Además pudo ponerse a pensar en sus planteos plásticos desde los textos literarios, lo que lo condujo a diversas soluciones, resultados y proyecciones de su obra.

En este sentido, en el caso del Quijote, se advierte que:

"Las litografías en colores y las viñetas de Carlos Alonso -las que ilustran la bellísima edición de la segunda parte del Quijote- se hallan animadas por otro espíritu. (respecto del que había regido en la primera parte ilustrada por Dalí que a juicio de la crítica estaba dominada por la "retórica daliniana, más que un caballero (...) es un descarnado fantasma surrealista") Es el espíritu de un artista que trata -en definitiva en vano- de desaparecer detrás de la grandeza de su tema; es el espíritu del artista humilde y recatadamente identificado con su inmenso asunto. Por eso hay en sus ilustraciones -dentro de la unidad de acento de su fuerte y delicada personalidad- la variedad que fluye de una extrema diversidad de visión, una diversidad condicionada por el sometimientos sensible de su expresión plástica a las exigencias de la fisonomía múltiple, humanamente universal, del dilatado tema. El humor, la gravedad y el misterio se alternan en sus ilustraciones y les confieren la sugestión que fluye de aquel realismo sostenido por la locura que es, acaso, el substrátum de la obra inmortal, (...)"2

Durante la década del '60 se van sumando las propuestas para ilustrar textos literarios. EUDEBA, la editorial universitaria de Buenos Aires que por entonces gozaba de un momento pujante, desarrolla un proyecto de largo aliento bajo el título "Arte para todos", dentro del cual se desarrolla el conjunto Cuentistas y pintores. Este proyecto permitió el encuentro de los textos de Borges, Dávalos, Barletta, Arlt, entre otros, con las imágenes de Batlle Planas, Urruchúa, Berni, Seoane, etc. Alonso fue el elegido para ilustrar cuentos de Horacio Quiroga.

"La obra de Carlos Alonso es una de las más difundidas y conocida, por su trabajo de ilustrador, por su lenguaje incisivo y personal y su vasta producción sin caídas", evaluaba un crítico sobre el cierre de la década del '63. La tarea encarada con el Quijote y otros libros, alcanza su punto más alto en el desarrollo plástico que Alonso le da a la Divina Comedia.

Después de largos meses de estudio sobre el texto en colaboración con su traductor - Angel Batistessa- y de revisar todas las ilustraciones anteriores, viaja a Italia y recorre los paisajes y escenarios del Dante. Centrado en el Infierno, el texto de Dante lo reenvía a su contemporaneidad, a los horrores del siglo XX. A pensar al siglo XX como infierno. El resultado, señala la crítica "es una recreación alucinante."

"Al infierno de Dante, -sigue la prensa- Carlos Alonso ha sumado el infierno burocrático de Kafka ( a través por ejemplo, de la aglomeración en las puertas del Averno) el infierno de la lucha social y una cantidad de elementos que enriquecen, con el dramatismo de nuestro tiempo este fresco de la humanidad que fue la Divina comedia".4

Finalmente digamos que una frase sintética y contundente, quizás, captura el lugar que la ilustración tiene en la producción de Alonso: "basta al cuadro mercancía" sentencia en una nota en 1969. Contempla la ilustración, la imagen reproducible, como una alternativa de cambio, tratando de capitalizar aspectos positivos de lo que Adorno llamó las "industrias culturales". Finalmente y en esta misma línea de pensamiento, Alonso declara ante la pregunta de un periodista acerca de porqué ilustró la tapa de un disco de Palito Ortega:

"Yo siento la necesidad de producir constantemente aperturas para que más gente tenga mayor acceso a la pintura. Pero es simplemente una inquietud personal, porque comprendo que falta bastante tiempo real para que la gente tenga ganas, alegría y cierto conocimiento para ir a ver un cuadro y no se le ocurra que esta frente a un jeroglífico. (...) (La ilustración me permite) fundamentalmente la posibilidad de penetrar en una nueva realidad" 5 1 Cayetano Cördova Iturburu, "Ilustraciones Ejemplares para el Libro Ejemplar", La Nación, Buenos Aires, 1959. 2 Idem anterior. 3 "Basta del cuadro mercancía" en: Persona, Buenos Aires, 1969 Archivo Alonso. 4 Nota de prensa preparada por Ernesto Sábato, Angel Batistessa y Carlos Alonso (la selección de imágenes y epígrafes), 1969, Atlántida mayo de 1969 en: Archivo Alonso. 5 Confirmado, "Opiniones. Carlos Alonso: con Spilimbergo hacia la madurez", Buenos Aires, 5 de octubre de 1967, Archivo Alonso.

Diana B. Wechsler

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