Alonso, un pintor necesario
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Alonso y la Mirada de sus Contemporáneos
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Exilio y Regreso
Con el advenimiento de la dictadura militar, en 1976, Alonso debió decidir su exilio.
Italia primero y España más tarde, a partir de 1979, fueron sus residencias
alternativas. Era el costo de ser un artista militante. Sus obras ofrecían agudas e
hipercríticas observaciones sobre el poder político y económico de nuestro país.
Miradas crudas sobre la historia cercana y sobre el presente que hacían de Alonso un
personaje conflictivo y de excesiva visibilidad pública, lo cual lo convertía en
candidato a ser una víctima más del terrorismo de estado.
Desde finales de la década del '60 venía siendo objeto de la censura: en 1969 debió
descolgar su versión de La lección de anatomía a la que siguieron otros hechos que
culminan en la amenaza de bomba recibida en Art Gallery ante la exposición de El ganado
y lo perdido (1976), sumado a la prohibición de exponer su instalación Manos Anónimas
(1976). La situación tomaba ahora cuerpo en una exclusión más poderosa. Una exclusión
física que impidió que Alonso viviera en la Argentina durante los primeros cinco años
del terrorismo de estado. Período durante el cual su hija Paloma, militante de la
Jotape, se convirtió en uno de los 30.000 desaparecidos.
A pesar de estos hechos, Alonso logró mantener de algún modo su presencia a través de
muestras en Buenos Aires como El mundo de Kafka (1978), obras de la serie El viejo
pintor y La mesa de Courbet en la Galería Palatina (1979) y en el interior del país, en
Bahía Blanca y Córdoba (ambas en 1980) y en Mar del Plata, Rosario y Córdoba, a partir
de 1981 cuando regresa del exilio.
En el '83, en la galería Palatina exhibe entre otras series la de Manos anónimas, lo que
representa la reentrada del Alonso militante y con este gesto, la intervención en la
discusión, desde la imagen plástica, de los hechos ocurridos durante la dictadura.
Contemporáneamente estos hechos estaban siendo revelados por los medios gráficos a
través de testimonios de testigos, actores y sobrevivientes, que comenzaban a hacerse
públicos con la restauración de la democracia. La acción de la Comisión Nacional sobre
la Desaparición de Personas y posteriormente el Juicio a las Juntas Militares, llevado a
cabo en 1985, proporcionaron un relato crudo y real que se sobreimprimió en las obras de
Alonso y sus sucesivas exhibiciones posteriores.
Diana B. Wechsler
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