Capítulo 1 de 33  
Si el hombre es, por naturaleza, un animal político , Antonio Berni supuso que «todo arte y todo artista son, en última instancia, políticos»; o, por lo menos, que «todo arte admite también una lectura política», según dijo alguna vez

La multiforme y vasta obra de Berni constituye un exponente incuestionable de arte político, el más valioso de la Argentina contemporánea y uno de los más importantes de la América latina, donde Berni alcanzó la estatura de los grandes maestros. En rigor, es él quien inicia entre nosotros, en la década del 30, el arte político

«En mi caso, lo reconozco, pienso que la lectura política de mi obra es fundamental, que no se la puede dejar de lado, y que si se la deja, no puede ser comprendida a fondo -señalaba Berni-; es más, creo que una mera lectura esteticista de mi obra sería una traición»

Pero, ¿qué es el arte político? No es, como aún se cree, una forma de propaganda realizada -con más o menos talento- en favor de un partido, una ideología, un gobierno. En estos casos, todavía habituales, la creatividad artística queda rebasada por el mensaje doctrinario. El arte político no responde a consignas: es una consigna en sí y por sí. No indaga solamente la realidad social: la cuestiona y la exhibe

Berni, hombre de izquierdas, sostenía: «Si hay arte, no hay pancarta; pero si no hay arte, la pancarta es burda y no sirve para nada; mejor dicho, sirve a todo lo contrario de lo que se propuso servir». De ahí que desechara el Realismo socialista como «una desgraciada compaginación del peor academicismo formal con una chata significación que no superó nunca las ilustraciones vulgarizadas, tipo dibujo animado, de las revistas comerciales alienantes»

El arte político, en suma, atañe al fenómeno político que es la vida social, con independencia de las organizaciones y factores establecidos para regirla. Toda actitud y todo comportamiento que incida y recaiga sobre las estructuras generales, mentales e institucionales de la sociedad, para alcanzar la interrelación de los ciudadanos que la constituyen, es acción política, y no necesariamente debe desarrollarse por intermedio de partidos y gobiernos

Por su naturaleza, tal acción política tiende explícitamente a animar y transformar la sociedad entera. Por eso es propio de la política no tener fronteras ni límites acotados. Esta totalidad que informa lo político no lo es sólo extensivamente sino también en profundidad, porque supone una concepción global del hombre y de su circunstancia

En consecuencia, el particularismo es el polo opuesto de la política, ya que el objeto específico de esta no es un aspecto determinado de la existencia sino la integración de todos los campos y dimensiones de la vida. La política así entendida -o, mejor, lo político- no se ciñe a un grupo de hombres: bajo su dominio están todos los individuos, sin excepción. Se puede ser ajeno a las banderías políticas; en cambio, es imposible -aunque se pretenda lo contrario- ser extraño a la sociedad política, la única en la cual los hombres nacen y mueren, viven y actúan

Estos son los cimientos del arte político -o arte de lo político-, que, por cierto, no veda a sus creadores la militancia ni la afinidad partidarias: el propio Berni, de vuelta de Europa, hacia 1931, fue durante un tiempo afiliado al Partido Comunista. Al explicar sus obras posteriores, que trasuntaron el drama social de la llamada «Década Infame» (1930-43), dirá el artista, en agosto de 1975: «Sucede que en un país como el nuestro, el desarrollo de la pintura no puede estar desligado del desarrollo general de la sociedad. Sin un desarrollo integral, no hay pintura desarrollada. Es una engañifa. En esa época yo pensaba -y lo sigo sosteniendo-, que la función del intelectual es esclarecer las conciencias. No es que el intelectual o el artista sean decisivos en la economía o en la política, pero forman parte

Darse cuenta de esto es importante para el intelectual y el artista así como para el desarrollo mismo de la economía y de la política. Es cuestión de tomar conciencia de los vasos comunicantes que vinculan a cada individuo -sea artista o no- con los demás individuos. Porque el aislamiento no existe, es un mito»

Es que, según Berni, «siempre hay un compromiso» del artista con la realidad de su tiempo y de su país. «Aun el que dice que no está con el compromiso -añadía-, está comprometido con otra cosa», generalmente con «una mentalidad de tipo oligárquico que exige siempre del artista una sonrisa, una imagen optimista de la vida...» De ahí que «el límite decisivo no sea la capacidad del individuo sino la del conjunto social, la del medio al que pertenece. Por eso, si el artista no se integra a todos los sectores que bregan por la superación de sus condicionamientos, queda varado en limitaciones aun mayores. Yo estoy con la integración, que, para mí, como artista, comienza por una renovación ideológica. En este sentido, quiero que mi arte sea eficaz en en un doble sentido: social y cultural»

Así Berni ha señalado, una y otra vez, que «la línea de fuerza de toda mi trayectoria ha sido la temática, y en función de ella se han producido todos los cambios formales y cromáticos, porque el estilo, para mí, no es sólo una manera de hacer sino también una manera de pensar trascendiendo»

Y bien: si la obra de Berni no puede ser comprendida sin una lectura política, que él cree «fundamental»; si una mera lectura esteticista sería una traición; si los cambios formales y cromáticos de esa obra fueron determinados por la temática y no al revés, ya que el artista buscaba «pensar trascendiendo» para «esclarecer las conciencias», la reseña de su extensa obra ha de ser enmarcada obligatoriamente en los hechos políticos y sociales y en las tendencias culturales que la jalonaron, la influyeron y la suscitaron

Es que Berni no se limitó, por cierto, a presenciar tales hechos y observar tales tendencias: los vivió, en el primer caso, y hasta podría decirse que fue vivido -en una u otra medida- por ellos; y, en el segundo caso, ayudó a formarlas al tiempo que era formado -de manera diversa- por esas tendencias. Su larga vida de artista no sólo abarca el siglo sino es también el origen de una obra arquetípica del siglo

Arquetípica en más de un sentido, pero sobre todo en el que cabe en una de sus definiciones más directas: «El arte debe ser usado socialmente. Ningún artista se puede negar a eso; a lo único que se debe negar un artista es a que lo usen a él»

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